Un jefe que tuve hace tiempo y yo empezamos a ser amantes en un viaje de trabajo. Empezó porque le dije que quería que alguien me tomara unas fotos desnuda. Nada tonto, dijo inmediatamente que él podía ayudarme. En uno de esos viajes se dio la oportunidad de hacerlo. El iba preparado con su cámara, y desde que vi que la traía me puse nerviosa.
Lo esperé en mi cama, ya que por cuestiones de dinero nosotros siempre compartíamos habitación, aunque claro, dentro de los límites laborales, y cada quien pedía una cama individual.
Él se metió a bañar y cuando salió me dijo que si yo no quería hacer lo mismo. Me negué y continúe leyendo mi libro. De pronto sacó su cámara y eso me aseguraba que cogería con él, y coger con un jefe siempre es complicado; pero como lo caliente me ganó, accedí.
Acostada en la cama me dijo que me quitara la playera. Yo de paso me quité el bra. Desnuda del pecho comenzó a tomarme fotos. Yo no sabía posar, cómo acomodarme… el me dijo: Quítate los pantalones.
Empecé a sentir mi vagina húmeda. La verdad deseaba seguir con el juego. Obedecí al instante y quedé totalmente desnuda. Tomó algunas fotos, pero yo continuaba tensa. Aprovechó para decirme que me pusiera boca abajo porque me daría un masaje para relajarme. Así lo hice.
Su primer contacto con mi piel fue una barbaridad. Me electricé por completo. El masaje comenzó con mi cuello y espalda. Al tiempo que me relajaba, me excitaba que sus manos me tocaran. Me hizo un masaje delicioso. Sus manos fueron bajando por mi torso hasta llegar a mis nalgas. Empezó a darles masaje, primero lo hizo en círculos, después comenzó a acariciarlas.
Estaba súper excitada, tan húmeda que cuando me tocó cerca del culo, me dieron unas enormes ganas de tocarlo, de quitarle toda la ropa y cogérmelo. Pero esperé, era una juego tan divertido que no quería que terminara. Muy educadamente me avisó que se iba a quitar la playera. Advirtió que estaba húmeda, y continuó acariciándome bajo mis nalgas, en los muslos, sus dedos se acercaban a mi vagina. Sus movimientos suaves, pero intensos me anunciarían lo que estaba por venir.
Como buen amante, no se quedó ahí, decidió proseguir con el masaje hasta la punta de mis pies. Cuando estaba por terminar sin dejar de tocarme, se inclinó sobre mi cuerpo desnudo y sentí su verga por primera vez sobre mis nalgas. Sentí su piel sobre la mía y su aliento en cuello, el cual, comenzó a lamer. Supo cómo ponerme en el punto de llegar al orgasmo aun sin penetrarme.
Mi jefe es un amante súper hábil. Sin darme cuenta el también estaba completamente desnudo. El juego del toqueteo se dio durante largo rato… No tenía prisa y eso me encantó: la mayoría cree que con besar el pecho una ya está lista para que le abran las piernas y se la cojan, y a veces, eso no es cierto.
Lamió mi espalda mientras con sus dedos me tocaba la vagina. Acostada boca abajo, abrió mis nalgas y empezó a oler mi culo. Como si quisiera aprehender mi olor, se quedó prendido ahí un buen rato. Su lengua empezó a lamerme por ahí. Nunca me habían hecho el sexo oral ni tan rico ni por tanto tiempo… Estaba a punto.
En ese momento yo no era más que un cuerpo sometido a sus deseos, y la verdad me gustaba. Volteó mi cuerpo y ahí lo vi por primera vez. Que verga tan rica y grande, me dije yo. Su cuerpo me sorprendió estaba duro, marcado, justo como me gusta. Siguió haciéndome sexo oral. Su lengua buscaba mi clítoris, sus dedos comenzaron a penetrarme. Me hurgaba por dentro. Su otra mano, sobre mis pezones, apretándolos duro, al punto que empezó a doler, pero prosiguió hasta que el dolor desapareciera y diera paso al placer… Antes de que me viniera en su boca paró. Sabía perfectamente que mis contracciones eran por eso… y yo supe que toda la noche sería de placer.
Acostada con las piernas bien abiertas recibí su verga que me penetró profundamente. Su abdomen marcado me enloqueció. Me gustaba que me sometiera a su ritmo, a su manera de coger. Me abría las piernas, las ponía encima de sus hombros. Me las inclinaba sobre su pecho. Me abría mas las nalgas para que entrara más profundo su verga, que es bastante larga, gruesa y dura, como me gustan. Me puso en cuatro y me cogió por detrás. Mil y un posiciones intentamos. Nos cansamos, descansamos entre besos y toqueteos y nos volvimos a prender…
El primer orgasmo que me hizo sentir fue maravilloso y lo hizo chupándome la vagina con un delicioso sexo oral… Fue un orgasmo largo, que hacía que se me contrajera todo el cuerpo… Temblaba, sentía adormecida mi boca, yo no dejaba de jadear, de gemir.
Aún después del orgasmo seguía chupando lento, suave. El olor de mi vagina nos inundaba, el decía que mi olor no hacía más que provocarle seguir cogiéndome. Mi olor, en pocas palabras lo privaba. Fue subiendo por todo mi cuerpo hasta que me besó en la boca y probé mi propio sabor.
Yo lo hice venir en mi boca. Me tragué toda su verga, me bebí toda su leche y casi siento otro orgasmo al hacerlo. Fue excelente. Él me dijo que mamo súper rico. Ese día no dormimos más que dos horas. Acabamos sudados, rendidos, extasiados y con ganas de coger más. Al otro día, después de aquella memorable sesión nos fuimos a trabajar como si nada hubiera sucedido entre nosotros. Nuestros encuentros serían muchos más, mucho más picantes… lo mejor estaba por venir.
Dicen por ahí que el mejor sexo de una mujer lo tiene entre los 28 y los 30 años. No se equivocaban. Él, por mucho, ha sido uno de mis mejores amantes.
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