Observo tu muñeca
La misma que
arrastrabas
Con esa que
jugabas,
Ya sin dorados
rizos
Ni enchinadas
pestañas,
Esa cándida boca
Rosada, fina,
sutil;
Sobresale en el
silencio
Aun su grito de
mamá
Que se incrusta en el
alma
Haciendo vacío el
presente
Por saber que tu no
estas,
Existes solo en el eterno
pasado,
Y nada mas,
En mi mente escucho
Tu cándida risa
Que rebota de rincón a
rincón
Sin dejar hueco por
tocar
En la habitación de mi
mente,
Esos últimos
sollozos
Que logre rescatar
Antes de tu irremediable
partida
Tan repentina,
impetuosa
Impía y profana
Privando de la cosa más
hermosa
Como el ruiseñor de
Wilde
Que entrega su
tesoro,
Por una
insignificancia,
Que es
desaprovechada,
Espero que este tu
hueco
No sea en vano
Y nos deje la lección
perfecta.
Todavía recuerdo mis
suplicas
Pidiendo que no te
alejes
Que no inicies el viaje sin
mí,
Que juntemos flores
silvestres,
Y hacer tu corona de
girasoles
Como todos los
abriles
Pero, un grito de
silencio
Calla toda nuestra
escena
Dando paso a la señora de
negro
Que te lleva entre sus
brazos
Sin poder hacer nada por
salvarte
Por salvarme, por
salvarnos.
Las notas para
Elisa
Están dedicadas a
ti,
Serán tu marcha
fúnebre
E inundarán el recinto de tu
velorio
En el momento de tu
descenso
A la tierra donde
perteneces
Y descanses en paz
Por la eternidad de los
siglos...